viernes, 8 de diciembre de 2017

La vigilia de los colores


Con motivo de la presentación del libro Los colores de la vigilia, de Christian Kupchik, el payador se las da de literato y regala una crónica en sus tradicionales octosílabos desaliñados.


Va un saludo emocionao
pa don Cristián y don Mario
gauchos bravos si los hay...
... sin querer pero queriendo
me los topé en Güenosaire.

Andaba yo medio loco
entre bondis y entres subtes
en la ciudá de la furia:
el que no corre es botón
eso se aprende en la calle.

No me olvido, ña Gabriela,
de su presencia notable,
esta estrofa es para usté
y para el criollo Mileo,
poeta que porta facón
por si se arma el entrevero.

Aparecieron también 
en el medio e la Falena
(Charlone doscientos uno)
unos cuantos cagatintas,
se notaba que venían
olfatiando la poesía.

Don Jorge y dos o tres Juanes,
doña Cande y don Horacio,
don Pedro y otros fulanos,
y fulanas, por supuesto...
doña Andrea y misia Chiara
hicieron que aquella noche
naides quisiera olvidarla.

La ocasión se hizo propicia
y nos metimos de lleno
a hablar y a decir poemas
que nos regaló ese libro
notable que don Cristián
se escribió como diciendo
"acá tienen, compañeros,
en esto anduve ocupao
y ahora sale a la luz
producto de mis desvelos".

Un aplauso se merece
la buenosaires poetry,
me pongo entonces de pie
por semejante edición,
no cualquiera da papel
a la poesía en estos tiempos.

Corrió vino entre los códices
que adornaban las paredes
del recinto cultural
coqueto y de alto diseño
y las palabras brotaban
como agua de manantial.

Un micrófono de paro
quiso nublarnos la noche:
se había gastao las pilas
dándoles voz a otros vates,
pero dispués se portó
a la altura del debate.

Todos felices y calmos
nos cruzamos a Las Damas,
fonda fina si las hay
en la noble Chacarita,
que a veces, por unas cuadras,
se las da de colegial.

"Estela Artuá", por favor,
declamaban los sedientos
cagatintas de la noche
al mesero que esquivaba
mesas, sillas y lamentos.

"Tortilla e papa pa todos",
gritó uno como diciendo
no nos gastemos la vida
compartamos alimentos...

La noche se puso fresca
entre conversa y conversa,
se respiraba alegría
en esa mesa de encuentros,
y aunque el cansancio ganaba
la tropa no se entregó,
por eso siguió bebiendo.

Pero todo se termina,
como dice la canción,
y es sabia la afirmación
si lo pensamos un poco.
No se puede ser feliz
todo el tiempo en esta vida
pero gracias a Poesía,
a la amistá y a las musas
nos fuimos todos al sobre
cada uno con su excusa.

Ya me despido, no quiero
emocionarme de más,
sepan comprender algunos
que a veces es oportuno
hacer mutis y no hablar.

"Gracias por toda la onda,
loco, qué noche soñada",
lanzó alguno en la estampida
mientras la luna cuidaba
que triunfara la poesía.

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Nota: El libro Los colores de la vigilia (buenosaires poetry, Buenos Aires, 2017) fue presentado anoche por el autor junto con Gabriela Franco, Mario Ortiz y Juan López.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2017.